domingo, 3 de diciembre de 2017

2x1: Tiranía + Océano sin fin

Tiranía

Anda todo el mundo haciendo cábalas sobre las posibles mayorías catalanas, como si nuestra vida dependiera del número de votos o el número de escaños de una u otra opción, cuando me topo con esta reflexión de Rüdiger Safranski, oportunamente anotada en mi diario el pasado febrero: “es una especie de tiranía que se nutre del caldo de cultivo que se produce en la masa y de ahí de nuevo el papel de las redes sociales. Esa tiranía está enmarcada en una especie de aprobación populista, la masa que apoya a una determinada persona. En Polonia o Hungría, por ejemplo, se está reduciendo y eliminando poco a poco la democracia, pero con el enorme apoyo de una mayoría. La palabra democracia suena muy bien, pero lo decisivo es el Estado de derecho, la separación de poderes. Hitler llegó al poder democráticamente, apoyado por una gran mayoría, pero el que alguien sea elegido por mayoría no es lo bueno; lo bueno es que exista la separación de poderes”. Dicho queda.

ÚLTIMA HORA, 07/11/17


Océano sin fin

Pienso en la joven de 18 años presuntamente violada por cinco hombres en los sanfermines de 2016. Pienso en las madres de José Ángel Prenda, Antonio M. Guerrero, Alfonso J. Cabezuelo, Jesús Escudero y Ángel Boza. Pienso en el final de La semilla del diablo, de Roman Polanski. Veo a Mia Farrow acunando al pequeño Satanás. Inevitable recordar el caso de Samantha Geimer. Pienso en la película La caja de música, en la decisión final de Jessica Lange. Siento que me estoy yendo por las ramas y vuelvo a las madres de los conocidos como la Manada. Las imagino de noche, en su habitación, sabiendo lo que todos sabemos, habiendo escuchado lo que todos hemos escuchado. Las imagino, luego, reunidas con la joven presuntamente violada. Pienso en los dilemas morales, en las heridas que un reconocimiento superficial no detectaría. Pienso en las víctimas colaterales, en lo que diría el informe del detective que siguiera sus pasos. Pienso en la joven de 18 años, una gota mediática en un océano sin fin. 

ÚLTIMA HORA, 21/11/17

lunes, 25 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [11]

Once

Sigo con el tiempo. Siempre que te sientas a escribir, llevas puesta la gorra de jefe del tiempo. Puedes hacer que en un solo párrafo pasen cuarenta años. Así, de un plumazo. ¡Zas! Sólo tú manejas la ruedita que acelera o detiene el tiempo. Si te sientes con fuerzas, puedes meter una digresión o una descripción de treinta páginas. No te extrañes, eso sí, si tus lectores se lanzan por la borda. También puedes viajar atrás o adelante. No hace falta que memorices las palabras “analepsis” y “prolepsis”. ¿Pero cuándo, en qué punto emprender el viaje? Lo primero: dale margen a tu instinto, sobre todo si lo alimentaste bien. Nos hallamos en la fase de las entrañas. Después, más calmados, nos pondremos estupendos, un poco tiquismiquis, que no todo va a ser un aquí te pillo aquí te mato.

Vuelvo a pensar en el poeta honesto. Su figura se diluye. Poco a poco, se va transformando en pistola chejoviana. De ser esto un cuento, un posible título sería Las pistolas de Antón P.

Recién llegado de Londres. Entre este párrafo y el anterior, median un centenar de fotografías. Viaje familiar. Ahora es medianoche. Solo en casa. Mi mujer y mi hija regresan mañana por la tarde. Esta entrada, la número once, debí publicarla el jueves, antes de partir. No importa. Esto se acaba. No tiene sentido seguir. Si al poeta honesto le hubiese dado por atacarme… Bah, mejor así. Diré, para ir terminando, que releí, entre otros, el cuento de Jack London titulado “Encender un fuego”. Iba leyéndolo mientras movía los dedos de los pies, como para comprobar que seguían ahí, a salvo del frío del Yukón, y daba gracias por estar en el interior de aquel avión, tomándome una Heineken, saboreando unas Pringles Paprika, angustiado por la suerte del hombre que protagoniza el relato, entregado a la maestría de London…

Pero todo eso –la senda misteriosa, extensa y estrecha, la ausencia de sol en el cielo, el tremendo frío y lo extraño y sombrío de todo aquello– no impresionó para nada al hombre. Y no porque estuviese muy acostumbrado a ello. Era un recién llegado a la región, un chchaquo, y ése era su primer invierno. Lo que le pasaba era que carecía de imaginación. Era veloz y agudo en las cosas de la vida, pero sólo en las cosas y no en sus significados.

Fragmento de “Encender un fuego”
  



martes, 19 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [10]

Diez

Sobre el escritorio, una careta con el rostro de Emilio Renzi. Me la pongo y me planto frente al espejo. Una imagen grotesca, tal vez por eso estimulante. Camino por la casa vacía. Me imagino observado por una decena de alumnos. Algo nos une a todos los que estamos hoy aquí, digo calibrando las reacciones de los estudiantes que me observan con expresión vacía, como si alguien les hubiese obligado a apuntarse a este curso, como si todo lo que fueran a escuchar o decir en el transcurso de las muchas horas que compartiremos les fuese del todo indiferente, bueno, tal vez sean varias las cosas que nos unan, sonrío de un modo un tanto ambiguo, cómo saberlo, pero hay una que se sitúa en el centro de esto que ahora empezamos a compartir, la que hace que en este preciso instante os hable con este tono sacerdotal, tan odioso, en fin, lo que nos une, la cosa común que sobrevuela nuestras cabezas, no es otra que el amor por las letras. ¡Qué pomposo! ¿Me van a abuchear? Amor por las letras significa amor por la lectura y la escritura. Porque nos encanta leer, deseamos escribir. Aunque a veces cueste. Aunque no siempre acompañen los resultados. Aunque siempre vayamos a quedarnos a un paso o a años luz de nuestras expectativas. Es un vicio y nada nos define más que nuestros vicios. Eso tenemos en común. No es poca cosa.


Llegan a casa mi mujer y mi hija. Saludos, breve resumen de la jornada. Anuncio, tras recoger los restos de la cena de anoche, que voy al cuarto del ordenador a trabajar un poco. Sigo con la clase. Pero aquí se acaban las coincidencias, advierto desviando por un momento la mirada hacia la ventana que da a la avenida de Sant Ferran, bastante transitada a estas horas. Que a todos nos guste leer no significa, y perdón por la perogrullada, que a todos nos guste leer las mismas cosas. De ahí que cada uno de nosotros tenga su particular forma de decir, sin duda fruto de sus lecturas, de sus gustos, de sus inquietudes, de sus limitaciones, etc. Todos queremos ser escritores pero nadie quiere llegar a ser el mismo escritor, o lo que es lo mismo, todos queremos llegar a ser un escritor único, diferente del resto. Ya hablaremos de estas insensateces más adelante. Con todo esto vamos a tener que lidiar. Lo creáis o no, esto nos hará crecer. Un escritor ha de tener amplitud de miras. Puede escoger ser muy bruto, pero ha de ser una elección consciente – limitarse conscientemente es todo un arte. Y por debajo de todas estas diferencias, no debemos olvidar, para que el curso sea posible, para que se mueva en terrenos de eficacia, ese hilo subterráneo que nos une. Formamos parte de un mismo equipo, digo con sonrisa burlona dedicada a mí mismo, todos podemos aprender de todos. Luego, acabado el curso, podemos jugar a sacarnos los ojos, a soltar pestes del costumbrismo o de los relatos alegóricos, de la autoficción o de la moda distópica que nos tiene asediados, etc.

Debo ir terminando, me llaman para cenar. Me quito la careta pigliana. Antes de dejar el cuarto, tengo tiempo de decir que aquí vamos a intentar ser nosotros mismos. La mayor parte del tiempo no lo somos. Imitamos, y eso está bien. Pero aquí vamos a intentar encontrar nuestra propia voz. Aunque sea para destruirla. Vamos a aprender a escucharnos. Para escucharnos, primero debemos aprender a escuchar. Escuchar a los otros. Una vez tengamos el oído a punto, vamos a centrarnos en nuestra voz interior. Pero ya os tengo que dejar. Se acabó el tiempo. Otro día hablamos del tiempo. Somos tiempo, todo relato es tiempo, y nuestra vida, a pesar de estar hecha de tiempo, será una lucha constante en busca de tiempo.


Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [9]

Nueve

Homenaje a Ángel Nieto desde la planta 14 del AC Cuzco.

Fin de semana en Madrid. Aprovechamos que el viernes debía acudir a una reunión de trabajo para pasar, mi mujer y yo, un par de días en la ciudad. Como siempre, largos paseos entre ríos de gente. Para mí, Madrid es la ciudad de las grandes caminatas. Entre paseo y paseo, tuvimos tiempo de ir al Teatro Maravillas para deleitarnos con las actuaciones de Julia Gutiérrez Caba  y Miguel Rellán en Cartas de amor. Una historia sentimental que se prolonga durante toda una vida, reducida a las cartas, postales y notas que los protagonistas intercambian. Me produjo vértigo. Tal vez podría servirme para el taller de escritura creativa. Estoy en esa fase. El poder del detalle, de lo concreto, brilla con todo su esplendor. Dota a la historia de verosimilitud, lo que hace que entres en ella como si de un “hecho real” se tratase; a la vez, proyecta la historia hacia el cielo de lo universal. Todos podemos entrar en ella gracias, precisamente, a que es una historia particular, pequeña, con nombres y apellidos (desarrollar la idea). Nada mejor para hablar de la fugacidad del tiempo, de lo que pudo haber sido y no fue, de los hechos y decisiones que nos cambian la vida, de la inconsistencia del amor, de su perdurabilidad, de la lucha entre el deber y el deseo, etc., que la plasmación de unas conversaciones particulares, sin sed de trascendencia (a primera vista), lejos de la abstracción y lo grandilocuente. Otra forma de llamarlo: el poder del ejemplo concreto. De realizar una versión moderna de esta obra, habría que recurrir al WhatsApp. Entonces, sería imprescindible suprimir toda la morralla e incorporar la comunicación mediante emoticonos y gifs. Por lo demás, durante el emotivo parlamento final de Andrew Makepeace Ladd III, sonó un móvil. Se me ocurrió que al portador de ese móvil se le debería prohibir la entrada a un teatro en los próximos seis meses. De reincidir, el tiempo de castigo pasaría a ser de un año, hasta serle vedada de por vida, de perseverar en su actitud, la entrada a cualquier recinto cultural. En lo gastronómico, comimos en un cubano, cenamos en un peruano y volvimos a comer, ya el domingo, en un mexicano. Esta última comida la compartimos con nuestros amigos A y D. Hablamos de trabajo, de viajes, de literatura, de la situación en Cataluña y del taller que a partir de octubre voy a impartir. Esto también me produce vértigo.

Falsos nigiris de causa limeña, pulpo a la brasa y mayonesa de pimentón.




viernes, 15 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [8]

Ocho

Se me ocurre que, sin pretenderlo, esto podría derivar en una especie de “hilo de Bartual”. Por un momento, casi deseo que el poeta honesto dé señales de vida. ¿Por qué lo eliminé de mi lista de contactos? Mi legendario mal olfato para los negocios. Escribir para un centenar de seguidores tampoco está tan mal. Un autor de minorías, ese prestigio. De ser esto una mala novela, escribiría algo del tipo “de pronto, estalló en carcajadas”.

https://fuentetajaliteraria.com/talleres/taller/taller-de-escritura-creativa-palma-de-mallorca

jueves, 14 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [7]

Siete

«Sé dónde encontrarte, profesor», ha escrito. Joder. Me está vacilando, seguro que es eso. Nadie se pone así por una mala crítica, ¿no? Tal vez no haya sido tan buena idea aceptar lo del curso. Me imagino a una decena de alumnos enfurecidos persiguiéndome por las calles de Palma. Mierda. Vuelvo a leer el mensaje. Me voy a su perfil de Facebook. Vive en Valencia, menos mal. Aunque es posible que la información no esté actualizada. Lo bloqueo. Lo elimino. Dejo el móvil y salgo al jardín. Antes me paro en la cocina. Me apetece tomarme una cerveza. Mi mujer y mi hija saltan en la cama elástica. Está oscureciendo. ¿Y si de pronto irrumpe en casa con una sierra mecánica o un bidón repleto de gasolina? Debo controlar mi imaginación. Demasiadas películas. Abandono el jardín y me instalo frente al ordenador. Me pongo a teclear para relajarme. Escritura como sinónimo de masturbación, etc.

Escribo en primera persona. Conviene no variar mi forma de decir. Es un punto de vista limitado, lo sé. No puedo meterme en el pellejo de otro. Es un alivio. Ya tengo suficiente con el mío. Este es mi mundo. Puedo especular sobre las motivaciones del poeta honesto, pero su cabeza me está vedada. Hay lugares en los que es mejor no entrar. También puedo decir que en mi cabeza caben todas las cabezas. Demasiado engreído tal vez. Escribir en primera persona hace que el lector se sienta más cerca del narrador. ¿Puedes tocarme? ¿Hueles mi aliento? Soy el narrador pero también el escritor. Me llamo Javier Cánaves. ¿Autoficción? En El Aleph, el narrador se llama Borges.  



martes, 12 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [6]

Seis

Volvió a la carga. Recibí su mensaje a la una y cuarto de la madruga. Tenía el móvil en silencio, así que no lo he visto hasta esta mañana. Me desconcierta su modo de proceder. Me vuelve a preguntar si me creo Dios. Dos frases idénticas flotando en la burbuja del Messeger que nos une. «¿Te crees Dios?». ¿Espera que le responda? ¿Y qué puede responderse a una pregunta así? Lo mejor es olvidarse del asunto. Ya se cansará.

Todo profesor de escritura creativa debe en algún momento, indefectiblemente, hablar de Hemingway y su iceberg. Esto dará pie al “muestra, no cuentes”, al estilo natural, a la inmersión ficcional y demás templos más o menos sagrados. Dejar para el final lo que opina Eloy Tizón de tales templos dará al profesor de escritura creativa el aura revolucionaria que precisa para ganarse a las facciones más contestatarias de la clase.

Me pongo a hacer listas (ese vicio), pero vuelve a mí, una y otra vez, la imagen del poeta a la una de la madrugada, solo, en una habitación únicamente iluminada por la luz procedente de la pantalla de su ordenador, buscando entre sus contactos cibernéticos alguien a quien enviar sus poemas. Debo borrar esta imagen de mi cabeza. Me turba. No deja que me concentre. 




domingo, 10 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [5]

Cinco

Todo profesor de escritura creativa debe en algún momento, indefectiblemente, hablar de Chéjov y su pistola. Al arma chejoviana ha de seguir, de un modo natural, el famoso McGuffin. Hablar de Hitchcock y los leones de Escocia dotará al profesor de escritura creativa de un aura sacerdotal útil para su homilía.

De ser esto un relato, quiero decir, una escritura de ficción que busca persuadir a hipotéticos lectores, el inicio del taller en el mes de octubre sería el McGuffin. Hace que la historia avance, provoca estas entradas y, sin embargo, nada hemos de saber de él. Vive en el horizonte, es una nebulosa, una excusa para insertar cuatro aforismos baratos y justificar este estado de nervios.

Los comentarios sobre Fenj y la novela de Larraquy (ya finiquitada) así como la evocación campestre (entrada dos) tienen todos los números para convertirse en pistolas que en el último acto nadie disparará. De ser esto un relato, claro. 

Orbito alrededor del cuento. Regresé a Cortázar, a Borges, compré el libro ganador del premio Setenil 2016. Apunto el nombre de autores actuales, de libros del pasado que me juré leer y dejé pasar. Hago listas. Cerceno las ganas de empezar algo. Ahora no, me digo. A partir del lunes debo profundizar en el temario, preparar las clases. Lo ideal es saber conciliar impulso y estrategia, nunca olvidar ese espacio para la improvisación, para lo inesperado. Como cuando te sientas a escribir y el sonido del teclado toma las riendas. Luego regresa el silencio –siempre lo hace– y conviene tener las herramientas adecuadas para terminar de dar forma a eso que sacaste, olvidarse de las entrañas para dejar que el cerebro trabaje tranquilo, como un poli veterano en la escena del crimen. 

Por lo demás, pensé que el poeta honesto volvería a la carga. Es un alivio comprobar que mi aparato intuitivo no pasa por su mejor momento. 






viernes, 8 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [4]

Cuatro

Noche. En la cama. Leo cuentos de Chéjov. En parte, por el curso que a partir de octubre tendré que impartir; en parte, por ser una de esas asignaturas pendientes. (Hasta hoy sólo había leído alguno de sus cuentos más conocidos, como La dama del perrito o El pabellón número 6). Suena el teléfono. Un mensaje de mi amigo, el poeta coherente. «¿Te crees Dios?». Miro a mi mujer de reojo. Anda buscando hotel para el fin de semana que pasaremos en Madrid. No le comento nada. Pongo el móvil en silencio y lo devuelvo a la mesita de noche. Sigo con Chéjov.





jueves, 7 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [3]

Tres

¿Despido algún tipo de aura capaz de infiltrarse en el ciberespacio? ¿Ya tengo cara de profesor? ¿Se ha visto modificada mi manera de escribir? El día después de aceptar la propuesta, me llega una petición a través de Facebook. Se trata de un antiguo “amigo” al que tuve que parar los pies meses a atrás. No había semana que no me hiciera llegar alguno de sus poemas para saber mi opinión. Debía verme como una especie de crítico particular. Jamás se le pasó por la cabeza que yo pudiera tener vida propia, al margen de sus deseos. Al principio opté por ser colaborativo, pero pronto me di cuenta de que, si no hacía algo, aquello se prolongaría indefinidamente. De un modo educado, le insinué que, por sorprendente que pudiera resultarle, también experimentaba placer al dedicarme a mis cosas durante mi escaso tiempo libre. Por lo visto, el lenguaje sutil no era su fuerte. Tuve que dejarle las cosas claras. Se sintió dolido, pero cesaron los mensajes. Ingenuo de mí, pensaba que no volvería a tener noticias suyas. Estaba equivocado. Ha vuelto a la carga. Leo el poema. Más de lo mismo. Eso sí, nadie le negará fidelidad a su propia voz. Como si hubiera algún tipo de mérito en eso. Dejo pasar un día. Insiste. Quiere conocer mi opinión. Me lo tomo como unas prácticas. Sin cobrar, como en el ABaC. Escribo: «Leí el poema. Voy a permitirme el lujo de ser sincero. Piensa que podría despacharlo con un simple “está muy bien”. En primer lugar, debo decir que no soy muy amigo de las enumeraciones. Las tolero si tienen gracia, o si en ellas entran en juego imágenes o metáforas potentes, o si en cada uno de los elementos que las integran se menciona algo diferente, que enriquece o contradice lo anteriormente dicho, etc. Salvo por los dos versos finales, tu poema se reduce a una enumeración reiterativa de un deseo. Digamos que se alarga sin mucha justificación. En los poemas de corte realista de índole sentimental (los que sueles escribir) esperas que se te cuente una anécdota sentimentalmente interesante capaz de trascender, alguna experiencia que exhorte tu inteligencia y/o sensibilidad, alguna reflexión de calado… Si la cosa está aderezada con imágenes sorprendentes, audacia verbal, etc., el poema gana enteros. Tengo la impresión de que este poema se queda corto en todos los aspectos. Es cierto que al final tratas de levantarlo, pero me da a mí que no alcanza para despegar. Espero no haber sido muy duro. Creo que, a estas alturas, la sinceridad es lo mejor que puedo ofrecerte. Mucha suerte con tus próximas creaciones». Su respuesta: «Pues a mí me gusta el poema. Es coherente. Y el final mola». ¿No es genial?



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Taller de escritura creativa. Diario de un profesor novato [2]

Dos

Hoy he acompañado a Fenj al aeropuerto. Es triste reconocerlo: siento alivio. Los meses sin él en casa se presentan como vacaciones en el campo. Pienso en un campo en primavera. El trigo crecido, a la altura de los hombros. Un camino de tierra que se bifurca. Un muro de piedra medio derruido. El zumbido de los insectos, el gorjeo de los pájaros. Saborear un té sentado en el porche. Observar como la luz va menguando gradualmente más allá de las montañas. Su contorno grisáceo, su interior renegrido. Un libro en el regazo, por ejemplo, éste que ahora mismo descansa junto al teclado, La comemadre, del argentino Roque Larraquy. Por lo demás, sigo preparando las clases. El curso empieza en octubre. Un mes. Tantas horas por rellenar. Sigo dándole vueltas. Anoche escuché dos cuentos de Chéjov. Los cuentos escuchados (no leídos) adelgazan. Se le sustrae al cuento los límites del párrafo y de algún modo se diluye. Imagino palabras sobrevolando mi cama, disolviéndose en el aire de la habitación. Así me duermo. Por la mañana, paso a por Fenj y me dirijo al aeropuerto. Atasco. Un accidente. Poca cosa. Por suerte, no pierde el vuelo. 

La perfección formal es cosa de artesanos; el auténtico artista busca algo más. No es que no se conforme, es que se la suda. Ese algo más está reñido con la perfección formal (sutil o frontalmente). Trata de explicar esto, profesor.