miércoles, 26 de abril de 2017

Pájaro loco


Hoy todos parecen satisfechos. Frenaron a Marine Le Pen. Sin embargo, en el “todos” y en el “frenaron” de las frases anteriores se encuentra el germen de su victoria futura. Tal vez no se produzca en 2017, tal vez tengamos que esperar a 2022. El rechazo a las élites se gesta en silencio, en el reverso de los telediarios y los periódicos. En los hogares de las familias de clase media y baja, ha anidado un pájaro de mirada iracunda. La inseguridad y las desigualdades lo alimentan. Se prepara para sobrevolar, victorioso, los cielos de Europa. A los mercados, la cuestión empieza resultarles indiferente. ¿Acaso se hundieron tras el Brexit y la victoria de Trump? En lo que va de siglo, no hay semana que no se anuncie el fin del mundo. ¿Y el pájaro? Hemos visto algunos de sus zarpazos, pero no al animal. Los sin voz ya quieren verle las garras, poder espetarle a los entendidos que no tienen ni idea. Mientras, los analistas más sesudos respiran aliviados. Hay, incluso, quien se atreve a hablar de una nueva esperanza. El festín del pájaro loco deberá esperar. ¿Hasta cuándo?


ÚLTIMA HORA, 26/04/17

domingo, 2 de abril de 2017

Escribir no siempre es divertido


22/03/17.- Horas trabajando en una nueva novela. Corregí los dos capítulos terminados, dejé prácticamente cerrado el tercero y avancé en la escritura de un cuarto, todavía incipiente. Tuve que lidiar con unos párrafos farragosos pero necesarios para el desarrollo posterior de la trama. Escribir no siempre es divertido. Hay veces que uno preferiría arreglar la ducha del baño de las niñas o salir a regar el jardín. Pero si has decidido escribir una nueva novela en un mundo saturado de nuevas novelas, debes pasar por el aro. Nadie te pidió que lo hicieras. El mundo no necesita tu nueva novela. Pero has querido escribirla, así que arremángate e intentar dar lo mejor de ti mismo. Bien. Así lo hice. Me sentía razonablemente satisfecho. Pero entonces ocurrió el desastre. Perdí todos los cambios. Sustituí el archivo existente por otro anterior. No puedo restaurar versiones anteriores ni recurrir a la papelera de reciclaje. Mierda. Superada la negación inicial y la subsiguiente desesperación, sólo queda la aceptación, la sensación de vacío. ¿Dónde coño se fueron todas esas palabras? Con todo, esto no ha sido lo peor que me ha pasado en este sentido. Hará cosa de año y medio, perdí un documento Word con cerca de 300 páginas. Casi 300 páginas de poemas inéditos. Muchos de ellos eran descartes, cierto, pero uno no siempre descarta por razones de calidad. También había versiones alternativas de poema publicados y otros poemas más experimentales a los que no había sabido darles salida. Me consolé diciendo que era mejor así. A veces es necesario soltar lastre. Pero duele. Te sientes un imbécil. Y ahora qué, te dices. Pero sigues. Aunque nadie te lo pida. Aunque el mundo no precise de un nuevo libro tuyo. Existen aficiones más letales e igual de innecesarias. Incluso más. Fin del desahogo. Dejo de llorar y sigo.


jueves, 30 de marzo de 2017

Obreros de derechas


Dice que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Quien dice esto, por supuesto, ni es obrero ni de derechas. Si combinas la frase con la realidad que nos rodea, te sale un silogismo bastante desolador. En una entrevista reciente, Javier Cercas explicaba que entender no es lo mismo que justificar. Entender el mal (el yihadismo, Hitler, etc.) es armarse de herramientas para combatirlo mejor. Aquí somos mucho de las frases hechas que no buscan entender nada. Mientras mi interlocutor sigue hablando, yo recuerdo esa canción de Bob Dylan titulada North Country Blues. Pienso en ese pueblo de mineros. “They complained in the East, they are paying too high / They say that your ore ain't worth digging / That it's much cheaper down in the South American towns / Where the miners work almost for nothing”. Versos que amparan tanto la revolución proletaria como los nacionalismos más reaccionarios. Es muy posible que en ese pueblo los votantes de Trump fueran mayoría. Podemos intentar entenderlo o podemos demonizar sin más.

 ÚLTIMA HORA, 28/03/17

martes, 21 de febrero de 2017

Michel Onfray y la compasión


“A menudo la compasión impide pensar, mientras que pensar no impide la compasión. Uno puedo optar también por una compasión contenida, privada, íntima, y no considerar digna esa exhibición de lágrimas, gritos, llantos, sollozos, y todo en presencia de cámaras y fotógrafos. La exhibición de la compasión no es necesariamente una prueba de compasión, pero sí lo es de exhibición. Después de La Rochefoucault y los moralistas franceses, Nietzsche nos ha enseñado a desconfiar de la compasión: a menudo es una de las modalidades del amor a uno mismo: ¡Dios, qué grande se siente uno cuando se hace pequeño! ¡Dios, qué orgulloso está uno cuando exhibe su modestia! ¡Dios, qué egoísta es uno cuando convierte en espectáculo su amor por los demás! Dejemos a un lado el narcisismo de nuestra época, que hace de la exhibición del pathos un valor superior al ejercicio del pensamiento”.


Michel Onfray, Pensar el islam


[20/02/17-. Sábado. Me despierto a las ocho. Finiquito la lectura de Pensar el islam, de Michel Onfray (es lo que tiene tener a una hija viviendo en las inmediaciones de Toulouse). Después de desayunar, me descargo el manual del usuario de la caldera para tratar de arreglarla (desde ayer estamos sin agua caliente). Un tema de presión. Por lo visto, se encuentra por debajo de los niveles adecuados. Al final, basta con abrir el grifo de carga. Salgo al jardín. Luce el sol. Armo el cortacésped nuevo y me pongo manos a la obra. Me siento bien. A medida que avanzo, el jardín gana en belleza. Contemplo los progresos en el mismo instante en que estos se producen. Eso motiva. Sudo. Me acerco a la cocina y me abro una cerveza. Vierto el césped cortado en una bolsa de basura y me voy a la parte de atrás de la casa. Arranco las malas hierbas que tienen sitiado al naranjo. Sigo sintiéndome bien, sin rastros de las nubes negras que, tras la lectura de Onfray, amenazaron con ensombrecer el día. Agarro las tijeras de podar y acometo los últimos retoques. Me tumbo sobre el césped y contemplo el cielo azul. Vértigo y felicidad se disputan mi pecho. Guardo la máquina cortacésped. Son las dos. He quedado a las dos y media en casa de mis suegros para comer un asado. Mi hija pequeña y mi mujer me esperan allí. Me ducho y salgo de casa].



domingo, 12 de febrero de 2017

No me gusta hablar de mi vertiente literaria en el trabajo / Las formas


martes
Me cuenta una compañera de trabajo que la amiga con la que había quedado para tomar algo se presentó a la cita con un libro. Tras los saludos rituales, tomaron asiento y empezaron a charlar. El libro descansaba sobre la mesa, ajeno a la conversación. En un momento dado, mi compañera de trabajo se fijó en su portada. Ahí estaba mi nombre. Lo agarró y miró en su interior: ahí estaba mi foto. Divertida, comentó que conocía al autor, que trabajaba con él. La casualidad le hizo gracia. Por mi parte, me hizo feliz saber que hay gente por ahí dispuesta a gastarse unos euros por comprar uno de mis libros. Eso sí, no pude evitar sonrojarme cuando me lo contó. No me gusta hablar de mi vertiente literaria en el trabajo. Me incomoda bastante, la verdad. El libro en cuestión es Piscinas iluminadas

jueves
La mayoría silenciosa, la que no se manifiesta… Mi vida virtual desvirtúa el mundo de ahí fuera, mi visión de él. Tomo plena conciencia de este hecho cuando, en una conversación en el trabajo, me encuentro con varias personas defendiendo la gestión de Trump, sus ideas. Vienen a decir que su problema reside en las formas, no en el fondo. Me asusta la poca importancia que, por lo general, se otorga a las formas. Se empieza con una relajación en las formas y se acaba con una mayoría silenciosa aplaudiendo desde sus casas la constitución de un estado totalitario, en el que no se respeta la separación de poderes.  


[fragmentos de un diario]

miércoles, 1 de febrero de 2017

Placer esnob

Escribía la semana pasada en una red social que, en lugar de Ruiz Zafón, Dolores Redondo e Ildefonso Falcones, hubiese preferido leer en la lista de libros más vendidos los nombres de Ricardo Piglia, Eric Chevillard o Vicente Valero. No eran más que tres ejemplos entre los muchos que me venían a la cabeza. Mis amigos de esa red social, muchos de ellos escritores o con inclinaciones literarias, se mostraron de acuerdo y aplaudieron mi post. Vivimos en una sociedad en que todo el mundo busca el aplauso de los suyos, ¿iba a ser yo una excepción? Sin embargo, instantes después, acudieron los remordimientos. ¿Fui del todo sincero? ¿No sentimos, los lectores impenitentes, los amantes de la Literatura, cierto placer al comprobar que nuestros gustos como lectores, que nuestras lecturas, no coinciden con las lecturas y los gustos del gran púbico? ¿No hay un placer esnob en esta diferenciación? ¿No nos sentimos parte de una familia de iniciados? ¿Acaso, pese al azoramiento que a veces nos produce, no hemos experimentado satisfacción interna al responder que no, que no hemos leído lo último de Dan Brown? Así es y no pasa nada. Cada uno con sus vicios. Buenos días.

ÚLTIMA HORA, 31/01/17

lunes, 16 de enero de 2017

¿QUÉ PASA CON LA POESÍA?


13/01/17

Leo la sección “Libros más vendidos” de un conocido suplemento cultural. Me centro en la lista que aparece bajo el epígrafe “ficción”. Carlos Ruiz Zafón, Dolores Redondo e Ildefonso Falcones ocupan los tres primeros puestos. No me sorprendo, tampoco me indigno (¿debería?). Eso sí, hubiese preferido leer los nombres de Ricardo Piglia, Eric Chevillard o Vicente Valero (por poner tres ejemplos un poco al azar). Queda claro que hablar de ventas y hablar de calidad (o profundidad, o complejidad, etc.) nunca ha sido lo mismo, en ninguna disciplina consolidada (pueden coincidir o no, y muchas veces no lo hacen). Nos movemos en el terreno de lo obvio, de lo ya superado, al menos en lo tocante a narrativa (por no extendernos mucho más allá). Entonces, ¿qué pasa con la poesía? Sencillo, que se revuelve ante una nueva realidad para muchos incómoda, triste o desasosegante. Pero tranquilos, volverá la calma, al fin y al cabo, no se trata de un “intrusismo” devastador. Nadie ha “robado” lectores a nadie, ni siquiera ventas. Podría escribirse que el mundo de la poesía en España ha dejado su inmaculado reducto celeste (donde las polémicas hablaban de concursos literarios y bandos fratricidas) para entrar de lleno en el sucio mundo del mercado, con sus contradicciones y comparaciones odiosas.

Lo realmente interesante para los que rondamos ese mundo es batirnos en duelo con nosotros mismo para ser capaces de escribir algo que no nos avergüence del todo unos días después. 


16/01/17

Leo en El Mundo, en un artículo de Darío Prieto dedicado al compositor Philip Glass con motivo de la inminente aparición en España de sus memorias, Palabras sin música: “Glass es uno de los pocos ejemplos de autores que han podido sacar a la música culta de su ataúd para acercarla al público de las músicas populares”.

El mismo artículo recoge el consejo que Ornette Coleman dio a Philip Glass: “Philip, no olvides que el mundo de la música y el negocio musical no son la misma cosa”. ¿No conecta de algún modo con lo que escribí el viernes?

¿Tendremos que volver a hablar de poesía culta y poesía popular? ¿Es necesario recordar que el mundo de la literatura y el negocio literario no son la misma cosa?

(No se me escapa que dentro de lo popular existen infinidad de gradaciones).

(Segunda acotación: no se trata de contraponer lo culto a lo popular, hoy en día carece de sentido –debate muy viejo, quiero creer que superado. Por otra parte, en muchos aspectos me siento más cercano a esa cosa llamada cultura popular que a esa otra cosa denominada alta cultura. Ambas cumplen su función y son necesarias).

Cuando empecé a escribir poesía más o menos en serio, ya existía esta diferencia, quiero decir: entre los lectores “serios” (constantes, críticos, vocacionales) de poesía no se consideraba lo mismo leer a Mario Benedetti que leer a José Ángel Valente. La diferencia estriba en que aquellos lectores de Benedetti podían/podíamos  (y muchas veces lo hacían/lo hicimos) dar el salto al otro lado (de ida y vuelta o definitivo). Hoy, esto es más difícil que se produzca, ya que muchos de estos nuevos lectores de “poesía” no llegan a ella por amor a la propia poesía, tras un proceso de indagación motivado por una querencia que ya estaba allí, en su interior, sino por caminos laterales, coyunturales, caminos que no les dotan (porque tampoco las buscan) de las herramientas precisas para asentarse en ese nuevo mundo, por lo que su paso por él ha de ser a la fuerza temporal.

¿Dónde está el drama? ¿Cuál es el problema? No termino de verlo.


viernes, 13 de enero de 2017

El futuro vendrá y nos pillará en pelotas


Hablo del futuro con mi hija mayor. Se encuentra en esa edad en que el mundo de los adultos, con sus preocupaciones y rutinas, con sus agobios y cansancios, se le presenta como algo lejano, que nunca la alcanzará. Si le hablo de formación y esfuerzo, bosteza indisimuladamente y le echa un vistazo a su móvil, a escasos centímetros de sus manos (la obligué a soltarlo para poder mantener una charla con ella). Menciono la necesidad de dominar el inglés (ella ya habla francés y español a la perfección), de ser capaz de entender y analizar textos complejos y transmitir después esa información, le hablo de la inminente robotización de millones de puestos de trabajo, de la especialización (además de la capacidad de análisis) necesaria para no caer en esa bolsa de desplazados que veremos surgir por la inevitable automatización de las funciones que venían desempeñando hasta el momento. Tal vez me esté pasando, sólo tienes trece años. Me recuerdo a mí mismo bostezando cuando a mis padres les daba por hablarme del futuro. El futuro vendrá y nos pillará en pelotas. Tal vez estas charlas no sirvan de nada. Los hechos nos definen, no las palabras. Sólo el ejemplo puede dejar un poso en esa mente aún en formación. Doy por concluida la charla y me dirijo al baño. Le dedico al espejo mis mejores caras de tipo inteligente, íntegro. No me convenzo.    


miércoles, 4 de enero de 2017

Tremebundo


En breve, la asignatura de Literatura desaparecerá de los currículos escolares. Con suerte, será sustituida por Historia del Cine o algo así. De la antigua Literatura quedarán breves referencias dentro de la asignatura Geografía e Historia, que, por otro lado, también desaparecerá. Para mis nietos (de tenerlos) yo seré un hombre tan incomprensible como para mí lo son el azteca o el neandertal, por mencionar los dos primeros ejemplos que me han venido a la cabeza. Alguien se preguntará por la profusión de libros publicados en nuestra época y nadie sabrá responder. Mis nietos (de tenerlos) no me interrogarán porque seré incapaz de manejar la última tecnología del momento. Y porque les dará igual. A mí, por suerte, también me será indiferente. Dicen que lo que hace soportable la vejez es el desprendimiento. Confío en que sea así. Ir soltando lastre, que las cosas se me vayan cayendo de las manos. Sin sufrimiento. Casi sin darme cuenta. Y perdonen la incorrección. Los arranques de año me ponen tremebundo.


ÚLTIMA HORA, 03/01/17